Lo que sigue, es el intento de articular algunas diferencias entre las psicoterapias en general, incluyendo la práctica médica y psiquiátrica, y la cura psicoanalítica de orientación lacaniana.

Si bien hay diferencias entre los distintos tipos de psicoterapias en cuanto a sus métodos, en su gran mayoría, por lo menos en lo que respecta a las terapias occidentales, todas tienden a un mismo objetivo: aspiran en conjunto, a un estatus científico en el que se cosifica al sujeto prescindiendo de él mediante su objetivación.

Teniendo en cuenta que las diferentas y características de cada una son bastante amplias vamos a enfocarnos en las singularidades del discurso en que cada una se inscribe.

Una de las grandes diferencias entre las psicoterapias y el análisis es la noción de goce elaborada por Jacques Lacan. Es esta noción lo que hace a la singularidad del análisis frente a otro tipo de tratamientos.

Comparadas con el análisis, la mayoría de las psicoterapias solo se quedan en la fase de levantamiento del síntoma. Y en lo que concierne al psicoterapeuta, éste parte de su inscripción en el discurso médico, es decir, su lugar es el del Amo.

Y podemos afirmar que su lugar es el del Amo, ya que el médico o psicoterapeuta responde a una demanda específica: la demanda de cura del paciente. El psicoterapeuta es alguien que desea curar a su paciente.

Diferente es la situación en un análisis, y lo que se privilegia en el discurso analítico. En este sentido, el análisis iría más allá de la clínica psicoterapéutica ya que no se queda solo en la noción de cura o supresión del síntoma. Si fuese así, si la experiencia analítica se basara solo en la dimensión del síntoma (la demanda inicial del paciente) el análisis no se distinguiría de una terapia más. El fin del análisis tiene por objetivo una modificación mucho más profunda, la modificación subjetiva del sujeto en el fantasma.

De esta manera, podemos afirmar que lo que se privilegia en el discurso analítico es la estructura fantasmática del sujeto y el final de análisis.

Por esto, el lugar del analista es diferente al del psicoterapeuta, ya que responde a una ética diferente.

Cuando decimos que responde a una ética diferente hacemos referencia a que el análisis no persigue el mismo “Ideal” que el de los diferentes tipos de psicoterapias, como por ejemplo, el bienestar del paciente, su adaptación social o que el sujeto encaje en el orden del mundo. Un analista se aparta de la lógica del deseo único de El terapeuta, la de querer curar, para adentrarse en una lógica diferente, “La de tocar a lo Real al reencontrarlo como lo imposible”, por medio de uno de los pilares del análisis, la transferencia, sustentada a su vez por el deseo del analista. A esta lógica podemos nombrarla, es la del fantasma en su dimensión real.

Y a esta dimensión real no se la puede modificar, como se modifica un síntoma, lo que solo se puede modificar es la relación del sujeto con lo real del fantasma.

¿Pero, qué significa que el análisis se aparte del ideal común de otros tipos de curas, y que no busque solo el bienestar del paciente?

‘No hay clínica sin ética’ dice Jacques Alain Miller; esto se juzga por el modo en que se acepta o no una demanda de análisis, ya que el analizante no sabe que el verdadero fin o final de análisis es la destitución subjetiva del sujeto.

‘No hay clínica sin ética’, porque es la ética, la que constituye en la experiencia analítica, al sujeto, ya que este no es un sujeto de hecho, no es objetivable, es un sujeto de derecho, de derecho entendido como una ficción simbólica que es operativa y que estructura el mundo del sujeto.

Ética diferente la del psicoanálisis a la de ciertos sectores de la clínica actual, tendientes a la objetivación del sujeto y a fundar una terapéutica de metas, de pastillas e intervenciones genéticas, intentando modificar solo la conducta alejándolo de la implicación subjetiva.

Tendencias regidas por las leyes actuales del mercado, que suturan al ser humano convirtiéndolo en un consumidor.

Estas leyes actuales del mercado promocionan al cuerpo al estatuto de objeto y comercialización, excluyendo al sujeto en cuanto particular y único, ya que tienden a la uniformidad y generalización, características estas, del discurso capitalista, un dispositivo que es un movimiento circular, planetarizado, sin corte, que amalgama goce pulsional, lengua y subjetividad sin que ninguna “negatividad o imposibilidad” establezca una interrupción definitiva.

Es decir que en el discurso capitalista no hay dualismos ni diferencias, ni oposiciones.

“[…] Toda la psicología moderna está hecha para explicar como un ser humano puede conducirse en la estructura capitalista […] Esto es precisamente el estado extremo que el descubrimiento de Freud trastorna”, nos dice Jacques Lacan en Problemas cruciales para el psicoanálisis, su seminario número doce.

Si el sujeto está hoy tomado por el imperativo de goce del discurso capitalista, atrapado como objeto entre la demanda y la oferta ilimitadas; imposibles de satisfacer, no es ese el caso del psicoanálisis, ya que este se presenta, respecto de las normas sociales, con un aspecto asocial, o lazo social de otro tipo: el del discurso psicoanalítico.

Podemos afirmar entonces que, “Lacan ubica al análisis como un otro lazo social”. Y es desde ese otro lazo social y de la posición que el analista ocupa en él, que hará lugar al sujeto.

Frente a la pertenencia a una política generalizadora y excluyente por parte de las prácticas psicoterapéuticas oponemos entonces la política del psicoanálisis.

Jacques Lacan definió en “la dirección de la cura” a esa política como el “deseo del analista”. Deseo del analista que no es cualquiera, sino el deseo de una posición o función, que como dijimos, hará lugar al sujeto y permitirá transformar ese imperativo de goce del discurso capitalista, en un goce particular, en un saber hacer con ese goce.

Deseo del analista indispensable para mantener la tensión en la distancia entre el Ideal y el objeto causa del deseo.

“El deseo del analista no es un deseo puro. Es el deseo de obtener la diferencia absoluta, la que interviene cuando el sujeto, confrontado al significante primordial, accede por primera vez a la posición de sujeción a él” dice Lacan al final del seminario “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”.

Es esta diferencia absoluta lo que está en juego en el análisis, en la realización de cada sujeto particular, frente a un discurso capitalista sin ninguna barrera al goce, que rechaza la castración y la diferencia sexual.

Bibliografía

- Revista Imago Agenda, Junio 2004
- Jacques Lacan, Seminario Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis.
- Jacques Lacan, Seminario Problemas cruciales para el psicoanálisis.
- Jacques Alain Miller, Dos Dimensiones clínicas: Síntoma y Fantasma
- Jacques Lacan, Seminario El Reverso del Psicoanálisis
- Eric Laurent, Modos de entrada en análisis y sus consecuencias
- Jacques Alain Miller, Introducción al método psicoanalítico