Un breve recorrido por los conceptos modernidad, posmodernidad e hipermodernidad
Lipovetsky
Engendro de la ilustración y de la creencia en una verdad que es absoluta, la modernidad tuvo por características, entre otras, la de desarrollar una incesante racionalización.

El pensamiento de la modernidad creía en la superación de la ignorancia por medio del progreso de la ciencia (positivismo). Fue la época, en que el capitalismo prometía la felicidad mediante el incremento de la producción.

Así, juntos, la economía capitalista, la burocracia moderna y el progreso técnico, desembocan en una burocratización y cientifización de la vida social. En la práctica política, y en el contexto del proceso de modernización, esto se convierte en una técnica de conservación del poder, de la organización y de la manipulación, y la democracia se transforma en una forma eficiente de la organización de la dominación política.

Pero si el individuo de la modernidad creía en absolutos como La nación, La historia y a través de ella de una tradición, en la posmodernidad nos encontraremos con la relatividad de los valores, la idea de dispersión e ilusión del mundo, y el derrumbamiento de las verdades dogmáticas y de los “grandes relatos”. Desde el punto de vista ideológico, podemos agregar que la posmodernidad se caracteriza sobre todo por una expansión de la cultura de la imagen, entendido esto como el rápido fluir de signos e imágenes que saturan la vida cotidiana.

Ahora bien, Gilles Lipovetsky (foto), ensayista francés y autor de “Les temps hypermodernes”, afirma que no vivimos el fin de la modernidad, sino que por el contrario, estamos en la era de una modernidad elevada a su máxima potencia, en una era “híper”: hipercapitalista, de hiperpotencias, hiperterrorismo, hiperindividualismos, hipermercados, hipertextos, etc.

“El concepto de posmodernidad hoy ya no es el correcto para describir la realidad.”, dice el autor. “El término, “posmodernidad” servía para describir, una década de relativa tranquilidad, en la que lo que importaba era solamente el hedonismo del presente. La hipermodernidad, en cambio, es por un lado, la sociedad de la publicidad, la que busca el placer inmediato. Pero, al mismo tiempo, no lo puede disfrutar porque le pesan una enorme ansiedad sobre el futuro, fruto de las crisis económicas, del desempleo, y un creciente temor en temas de salud, virus y epidemias. Es la ideología de la prevención, no la del disfrute. Es la que se preocupa por un futuro profesional incierto y por la educación de los niños en un contexto conflictivo.”

Lipovetsky también habla de “El neo–consumidor”, que sería aquel que busca un consumo emocional, sentir emociones estéticas y sensitivas antes que acumular cosas. Es decir que el consumo se está convirtiendo con el paso del tiempo en algo cada vez menos material.