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10 Oct
“La tierra nos habla y nosotros la entendemos, lo criollos solo están dejando un desierto sin madera, y dicen que es el progreso, ¿y nosotros?…”
A 35 kilómetros de la ciudad de Tartagal, Salta, vive la única y última cultura recolectora cazadora de la Argentina, la cultura Wichí.
Hace unos días, el pueblo Wichí hizo un pedido de solidaridad a la comunidad nacional e internacional, ante la aniquilación de la que están siendo víctimas a causa del avance de empresarios sojeros que, avalados por el gobierno provincial, están realizando un trazado de alambrados.
Al tener arraigadas costumbres de vida con dependencia plena de la naturaleza, los miembros de la comunidad Wichí aseguran que este trazado les está quitando la vida, porque las empresas se terminarían quedando con sus alimentos, mediante la explotación de sus montes.
Como si esto último fuese poco, en el sector salud, la comunidad presenta graves problemas. La mortalidad infantil es, tres veces mayor que la criolla y en la mayoría de los casos está relacionada con la desnutrición. Aparecen también como problema sanitario, la tuberculosis, el mal de chagas, el cólera, y la pobreza extrema.
La forma de vida actual de los Wichí, se remonta a los siglos XVI – XVII, su organización social gira alrededor de la familia integrada por el padre, los hijos y los yernos, que viven en le hup (una misma vivienda) y el conjunto de toda estas familias constituyen la aldea (le huet). Los Wichí aún conservan elementos de su cosmovisión, su lengua y medicina naturales.
En el presente, comparten con otras culturas aborigenes, el resurgimiento de la organización de la lucha por al tierra, y participan con sus representantes en el espacio reconocido por las leyes del aborigen.
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